Cambios y estereotipos

March 16, 2013 // by tania

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Uno

El 21 de febrero pasado [2006] se celebró en Barcelona una conferencia organizada por INTERVIDA, titulada “Alfabetización de las mujeres para un desarrollo sostenible”.  Cuatro mujeres alfabetizadoras  de comunidades rurales en Bangladesh, Mali, Perú y El Salvador, compartieron sus experiencias en el Centro de Cultura Contemporánea de esta ciudad.  Habiendo sido alfabetizadas poco tiempo atrás, su tesón y energía resultan admirables: se dedican a abrirles el abanico del mundo a otras mujeres.  Manuela Nancy Casa Coila, de Perú, relató cómo la autoestima de estas mujeres se ha visto reforzada: se sienten a un mismo nivel a la hora de conversar con sus maridos y van al mercado con la seguridad de que nadie las va a engañar al recibir su cambio o el peso del producto que compran.  También enfatizó la importancia de la solidaridad entre mujeres, ya que muchas, en algún momento, habían llegado al Centro de alfabetización desesperadas porque sus maridos les habían roto sus cuadernos.  Sin embargo, siempre se apoyaron entre ellas para seguir adelante.  El método utilizado les trajo resultados factibles y eficientes: no aprendieron el abecedario o a construir oraciones utilizando un método tradicional (“Mi mamá me ama”, etc.), sino entrando directamente a abordar asuntos de su realidad, su entorno y su interés: “¿Qué es participación democrática?”, “¿Cuánto cuesta un kilo de papas?”, “¿Cómo debe ser una dieta nutritiva?”.  Con preguntas como estas en mente, aprendieron no sólo cómo se escribe “educación”, “comunidad”, “salud”, sino también  aprendieron sobre sus derechos y deberes ciudadanos.  Ahora que saben leer y escribir, participan activamente en los asuntos de su comunidad y se sienten más seguras en sus hogares.

La salvadoreña Teresa Beltrán es alfabetizadora en una comunidad del departamento de La Libertad.  Campesina, espontánea, tragicómica, no sólo arrancó carcajadas en el público catalán sino que también habló desde una perspectiva más personal e íntima.  Con el acento y el hablar propio de El Salvador, nos relató cómo ahora, que sabe leer y escribir, una de las cosas que más disfruta es hacer las tareas con su hija de seis años.  Con un brillo destellante en su mirada, describió la forma en que los dedos infantiles de su hija sujetan el lápiz para escribir en su cuaderno, y se refirió a las preguntas inteligentes que formula esa cabecita que empieza a descubrir el mundo.  Su detallada descripción, en tono coloquial, obligan a reflexionar sobre lo que significa este hecho para Teresa, quien aprendió a sujetar un lápiz ya mayor y, conciente de todo lo que esto último llevó intrínseco (marginación, autoestima lastimada, ignorancia), se satisface con la certeza, o al menos la esperanza, de que su hija tendrá oportunidades, de que podrá ser aquello que desea ser.

 

Dos

Y mientras todo este despertar sucede en comunidades rurales de países latinoamericanos, un periodista de CNN en Español me recuerda que todavía hay mucho trecho que caminar.  En una entrevista a la recién elegida presidenta de Chile, Michelle Bachelet, el periodista le pregunta si está preparada para afrontar los vaivenes de su país sin llorar.  ¿Es una broma?, me pregunté.  Pero antes de contextualizar esta pregunta, es importante saber quién es Michelle Bachelet.

Médica cirujana, pediatra y política, antes de ser electa presidenta de Chile, ejerció el cargo de Ministra de Salud  (2000-2002) con el entonces presidente, Ricardo Lagos, asumiendo posteriormente el de Ministra de Defensa y convirtiéndose así en la primera mujer latinoamericana en ocupar dicho puesto.  Hija del general Alberto Bachelet y de la antropóloga Ángela Jeria, durante su adolescencia participó en grupos musicales y teatrales y en 1969 se graduó de la secundaria con honores.  Al año siguiente ingresó en la facultad de Medicina de la Universidad de Chile y más tarde se afilió a la Juventud Socialista.  Durante el gobierno de Salvador Allende, su padre fue nombrado Jefe de Abastecimiento y Precios y, cuando se produjo el golpe de estado del 11 de septiembre de 1973, fue acusado de traición a la patria; por lo tanto, fue detenido y torturado.  Murió poco después de un infarto, visiblemente afectado por los duros y salvajes interrogatorios.  Michelle Bachelet continuó sus estudios mientras clandestinamente apoyaba al Partido Socialista.  El 10 de septiembre de 1975, ella y su madre fueron apresadas por la DINA (Dirección de Inteligencia Nacional).

En el centro de detención de Villa Grimaldi fue interrogada y torturada y después de un año de reclusión, fue liberada.  Junto a su madre, se exilió primero en Australia para más tarde establecerse en Alemania del Este.  En este país continuó sus estudios de medicina en la Universidad von Humboldt.  En 1979 regresó a Chile donde finalmente terminó su carrera de médica cirujana pediatra con mención en Epidemiología.  No obstante, su práctica profesional como médico fue boicoteada por las autoridades, quienes lo aludieron a “razones políticas”.  Sin embargo, logró incorporarse a las actividades de una ONG, PIDEE (Protección de la Infancia Dañada por los Estados de Emergencia), brindando apoyo a los hijos de las víctimas del Régimen Militar.  Hacia el final de los años noventa fue contratada como epidemióloga por el Servicio de Salud Metropolitano Occidente y luego por la Comisión Nacional del Sida (CONASIDA).  De 1994 a 1997 fue asesora del Ministerio de Salud y, a partir de 1996, inició un curso sobre Defensa Continental en la Academia de Asuntos Políticos y Estratégicos; gracias a su excelente rendimiento recibió el patrocinio de la Beca Presidente de la República para estudiar en el Colegio Interamericano de Defensa en Washington, D.C.  De ahí que a partir de 1998 se convirtiera también en asesora del Ministerio de Defensa, hasta llegar a convertirse en Ministra de esa cartera, de 2002 a 2004.

Durante su campaña presidencial, surgieron varios rumores, como su supuesta participación, en 1991, en el secuestro de Cristián Edwards, hijo del director del diario El Mercurio, Agustín Edwards.  Pero estas acusaciones fueron desmentidas cuando se comprobó que el rumor lo había iniciado el ex-Subprefecto de Investigaciones, Rómulo Aitken, actualmente procesado por vinculaciones al narcotráfico. Aitken trabajó en la campaña electoral de Joaquín Lavín (uno de los candidatos de la coalición de derecha, Alianza por Chile, y que luego fue superado por Sebastián Piñera), y habría estado preparando un informe para relacionar a la candidata con el ex comisario Jorge Barraza (este último intentó, en los años noventa, involucrar a los gobiernos de Aylwin y Frei en actividades ilícitas en contra de grupos subversivos). Sin embargo, ninguna de estas acusaciones fueron probadas.  Por otra parte, también surgieron rumores de que Bachelet habría participado en actividades terroristas durante los años 1985-1987, cuando estuvo involucrada sentimentalmente con Álex Vojkovic, vocero del grupo Frente Patriótico “Manuel Rodríguez”.  Bachelet, que reconoció públicamente su relación con el vocero del FPMR, negó cualquier participación en hechos terroristas.  En un debate celebrado en Hualpén, el 28 de abril de 2005, dijo lo siguiente: “Hace 20 años tuve una pareja, efectivamente, del Frente Patriótico (…)  Lo que me importa son los valores, las personas, sus sueños y sus convicciones, y en ese sentido, él tenía su pensamiento y yo tenía el mío”.  El 11 de diciembre de 2005 se llevaron a cabo las elecciones; Bachelet obtuvo la primera mayoría con un 45,95% de los votos frente al 25,41% de su más cercano rival para la presidencia, Sebastián Piñera.  En la segunda vuelta, celebrada el 15 de enero pasado, obtuvo un 53,5% del total de los votos contra un 46,5% de Sebastián Piñera.  Se convirtió así en la primera mujer presidente de Chile en sus 196 años de independencia.

Volvamos a la entrevista en CNN en Español.  Una persona, hombre o mujer, con una trayectoria como la mencionada, pareciera estar preparada para afrontar retos personales, profesionales y nacionales.  Todavía es demasiado temprano para evaluar su gestión, pero independientemente de esta, o de si se simpatiza o no con ella, no cabe duda de que quien ejerce la presidencia de Chile es una persona de temple.  Me pregunto: ¿habrá hecho el periodista sus deberes, investigando quién es Michelle Bachelet?  No me queda la menor duda de que el periodista hizo su tarea.  Entonces, ¿por qué la pregunta de si ella podrá ejercer la presidencia sin llorar?  ¿Sólo porque es mujer?  Tampoco me queda la menor duda, porque estoy segura de que a un hombre presidente no se le formulará nunca una pregunta como esa.  Desgraciadamente, el vocablo Mujer todavía está manchado de estereotipos y lugares comunes, y para muchos, incluso para hombres estudiados, equivale a llantito, capricho, trapos y vanidad.  Michelle Bachelet, ante tan insólita interrogación, respondió: “Yo he visto a muchos hombres llorar también”.

 

 

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