Post Scriptum

January 30, 2014 // by tania

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Publicado en Revista Cultura, Nº 111. San Salvador, Secretaría de Cultura, septiembre-diciembre 2013.

 

I

HUEVO DE TORTUGA, 1974

Un domingo, en una playa de arena volcánica, mi padre muestra orgulloso a sus amigos como su hija, de cinco años, saborea los huevos de tortuga marina.  La venta y el consumo de esos huevos no están regulados por la ley y somos todavía ignorantes e inconscientes.  Así que yo, sabiendo que soy el orgullo de papá –y bajo la mirada atenta de sus amigos–, abro con mis pequeños dientes de leche un hoyito en el cascarón del huevo tibio.  Le agrego salsa inglesa, limón –mucho limón– y sal; luego succiono el delicioso licor y dejo caer el cascarón vacío en la arena.  Mi padre ríe y yo también.  

Esa noche, ya en la cama, pienso en papá.  Sé que sufre por algo, pero no puedo descifrarlo.  Presiento que hay fronteras que no puedo derribar.  Me invade un miedo aterrador porque lo que presiento es algo vasto, incierto y caótico.  Es aquella soledad no buscada, la intrusa, pero entonces soy niña y no comprendo lo que pasa.  

Abro los ojos a la oscuridad y escucho el reloj de péndulo marcar las dos de la madrugada; y es entonces que me comparo con el cascarón vacío del huevo de tortuga.  Ese pensamiento me conforta y cierro los ojos. 

 

II

CARNE DE ALMENDRA, 1976

Tengo siete años.  Frente a la playa, los almendros crecen salvajes.  A lo lejos, escucho las risas de mis padres y sus amigos.  Busco la sombra de esos árboles pero, sobre todo, quiero uno de sus frutos.  El aire tiene textura salada, el aroma es dulce y azul, los rayos de luz entre las hojas son bocas que besan mi piel cubierta únicamente por un bikini amarillo.  Sacudo el tronco de uno de los árboles y algunos frutos caen sobre la arena.  Muerdo el fruto y mi paladar se llena del sabor fibroso de esa carne blanda y rosada mientras miro el baile del mar.  Luego busco dos piedras medianas y lisas.  Coloco la semilla sobre una de las piedras y con la otra la machaco hasta que llego a su corazón: un exquisito fruto seco me ofrece su licor.  Lo dejo un instante en mi boca, dándole vueltas con la lengua, y sigo observando el mar.  Finalmente, muerdo ese corazón y algo que no tiene nombre explota en mi boca.

 

III. 

HUNAHPÚ, 2008

Me atreví a andar lo desandado.  Había vivido en el reino áspero de una quimera estrecha.  Quise derribar su torre.  Me abandoné al ritual y herí, ya no a la niña, pero a la mujer que yo creía ser.  Sobre la piedra del sueño roto, coloqué el torso de mi gemela cósmica y, con una afilada obsidiana, abrí su corazón.  Ahora es ella la que observa y la que manda mientras yo voy muriendo aliviada.

 

IV.

BREATHINESS 2010

Ella caminó en el sendero de una selva tropical.  Se inflamó de verde al tiempo que se despojó de sus prendas.  Sus ojos eran dos luciérnagas.  Llegó a un acantilado sobre el mar antiguo. Saltó y el largo vacío de la caída hirió su cuerpo hasta que rompió los cristales del agua y se hizo espuma.  Pero antes de caer pudo reconocer las conchas incrustadas en las piedras y sonrió al recordar su vieja grieta: aire nebuloso, espeso y pesado.  Tan pesado como carro de carga.  Ahora el peso era ligero.  La pérdida no llevaba incluido el gusto por la fruta del instante.  Tampoco era necesario encender la hoguera.  Ella esculpe un animal dentro de sí.  Mientras tanto, canta Nina Simone.

 

 

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